VICTOR MONGE BARRIOS: Drums

KEIKO OOKA: Backing Vocals

FAIN DUENAS: Original Recordings tracks 2,4-9 JUAN GARCIA: Pre-mixes

ALEX PEREZ: Co-production, Recording, Mixing Drum & Percussions track 3

MARIANO CRUCETA & JAVIER GODINO: Additional recording & mixing track 5

JAOUAD JADLI & MARIANO CRUCETA:
Percussions track 5

GUSTAVO VILLAMOR: Electric bass track 5

VICENTE MOLINS: Crumhorn track 7

PATRICIA NVE OBONO: Backing Vocals track 5

PEDRO ESPARZA: Tenor Sax track 5 

Baritone flute track 8

JOAQUIN RUIZ: Recording & Mixing tracks 1,10 MAIKY MOICHE & SERGIO VIDAL: Extra Recording tracks & Final Mixes at Accent Studio
JAVIER USTARA: (Mastering at Mpire Studios)

NINETY NINE PERCENT
HOOKED ON THE HIGHWAY

John Reid sat behind the wheel, watched the flames consume his house before accelerating through the wastelands of empire. Wall Street was under seige. The elite had summoned New York’s finest to smother the sparks of indignation and mass demonstrations which had evolved in Tunez, Cairo and Madrid months before. He offered a lift to a girl with a travel case listening to street gospel and dropped her off at the airport. Samantha was a medic in an NGO on her way to London to catch a flight to Nairobi before connecting with another down to Mozambique. Things are fucked here, he thought, and she’s off to Africa?

He cruised southwest through arid landscapes, once prosperous towns, burnt-out automobiles and pavements littered with trash where the state police and homeless were the only vestiges of human presence. Waves rolled in on a stretch of coast where he and Sue had spent their honeymoon five years earlier. Later the mafia moved in, built high-rise hotels after bulldozing the shanties where fishermen had lived for generations.

Some people fell ill, poisoned from toxic waste seeping into the river from a chemical factory a couple of miles out of town. Three died.
Nothing appeared in the media but word spread that even the tap water was contaminated and no one came there anymore. Empty hotels started falling apart from lack of maintenance, steel-girded skeletons silhouetted against the sky like rusting dinosaurs orphaned once big money evaporated.

Parked in the shade taking a breather from brother asphalt Reid assessed his situation.

A near-full gas tank, dwindling cash, no job, no wife, no home and wanted for arson. Abrasive rock drifted through the speakers, he turned the volumen up full blast and reached inside the glove-box. Didn’t tremble as he eased the .38 between his teeth and pulled the trigger. It jammed. Closed his eyes and tried again, silence. Now sweating he opened the chamber... empty. Sue? Women are intuitive like that.


Late summer-autumm 2011

 M. J. Gillmer – April 2016

John Reid se sentó al volante
y observó cómo las llamas consumían su hogar, antes de acelerar a través de los páramos del imperio. Wall Street estaba sitiado. La elite había convocado al NYPD con el objetivo de sofocar las chispas de indignación y manifestaciones masivas que habían surgido meses atrás en Túnez, El Cairo y Madrid. Se ofreció a llevar a una chica con un bolso de viaje que escuchaba gospel urbano y la dejó en el aeropuerto. Samantha era doctora en una ONG e iba de camino a Londres para tomar un vuelo a Nairobi, antes de conectar con otro hacia Mozambique. “Las cosas están jodidas por aquí”, pensó, “¿y ella se va a África?”.
Condujo hacia el suroeste a través de áridos paisajes que una vez fueron ciudades prósperas, automóviles calcinados y aceras regadas de basura, donde la policía estatal y los mendigos eran el único vestigio de presencia humana. Las olas golpeaban sobre el tramo de costa donde Sue y él habían pasado su luna de miel cinco años atrás. Más tarde se instaló la mafia y construyó enormes hoteles, tras demoler los barrios de chabolas en los que los pescadores habían vivido durante generaciones.
Algunas personas cayeron enfermas, envenenadas por los residuos tóxicos que se filtraron al río desde una fábrica química situada a un par de millas de la ciudad. Tres murieron. No apareció nada en los medios de comunicación, pero corrió el rumor de que incluso el agua del grifo estaba contaminada, y ya nadie se acercó allí jamás. Los hoteles vacíos empezaron a caerse a pedazos por la falta de mantenimiento, esqueletos de acero recordaban su silueta en el horizonte cual dinosaurios oxidándose, huérfanos una vez que el gran capital se hubo evaporado.
Aparcado en la sombra y tomándose un respiro del hermano asfalto, Reid evaluó su situación. Un depósito de gasolina casi lleno, dinero menguante, sin trabajo, sin mujer, sin casa y buscado por incendio provocado. Un rock abrasivo se expandía por los altavoces, subió el volumen a su máxima potencia y se inclinó para abrir la guantera. No tembló ni lo más mínimo cuando introdujo con suavidad el cañón del 38 milímetros entre sus dientes y apretó el gatillo. Se atascó. Cerró los ojos y lo intentó de nuevo, silencio. Ya sudando abrió el arma y halló el tambor vació. ¿Sue? Las mujeres son así de intuitivas.

Traducido desde el texto en inglés
por J. J. Rivas – diciembre 2016

SLEEK MYSTIQUE

New Album

Ballad of a Man Named Reid

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